Mutaciones del cine contemporáneo

Posted on octubre 7, 2011

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Hace ya un año que esa extraña y mágica Uncle Bonmee who can recall his past lives ganaba la Palma de Oro en Cannes . Un impenetrable documento audiovisual que reclama lo local por encima de lo global; tan determinada por un espacio cultural geográfico que resulta contener un hermético mensaje que fascina tanto como inquieta al espectador, obligado a situarse en el papel del “Otro”; un mero oservador de un terreno del cual es extranjero. Paradógicamente, parece haber calado la atención tanto del jurado del prestigioso certamen como de la crítica especializada.

Leyendo “Mutaciones del cine contemporáneo” me pregunto qué dirían Jonathan Rosenbaum, Adrian Martin y compañeros “mutantes” sobre semejante fenómeno. Me pregunto, también, en que términos se referirían a la energía ya consolidada que ha sido traspasada a la ficción catódica. Qué dirían de Scorscese, de Haynes, de Tarantino y sus escapadas a la pequeña pantalla. Y puestos a ello, cómo explicarían fenómenos como Netflix o los cada vez más extendidos festivales deslocalizados celebrados en la tierra de nadie que supone el (no)espacio online.

Y es que el trabajo de estos críticos, a pesar de haber acabado hace apenas 5 años ya resulta haberse convertido en una polaroid que ha cogido polvo. El medio audiovisual, así como la aparición de internet sufren continuos reajustes que hacen que el análisis académico, crítico o teórico del séptimo arte se vea obligado a caminar a pasos agigantados para no perderse en el camino. De aquí que algunos de los debates hablen de como focalizar la mirada analítica: ¿hacia el futuro cambiante para buscar las nuevas formas o hacia el pasado inmediato para ir creando un canon audiovisual? Es de esta forma que los críticos a los que se van dando habla a lo largo del ensayo aparecen como esas figuras pertenecientes al personalísimo cine de Tsai Ming Lian y tan genialmente analaizadas por Kent Jones: seres perdidos en algún lugar entre la generación que los crió y la próxima generación, inquietantemente desenfocada e imprecisa. Aparecen dibujados como hijos desencantados de las antiguas bases teóricas del cine pero a las que tienen que recurrir porque el lazo que las une es eterno. Las alusiones sobre lo imprescindible que resultan Bazin o Eisenstein en la teoría cinematográfica son continuas, así como sobre la imposibilidad de cerrar los temas que tratan porque son tan volubles como los tiempos que atravesamos.

Así pues, el ejercicio autoreflexivo de los “mutantes” se convierte, con el tiempo, en una instantánea que refleja a la perfección un estado psico-sociológico concreto: aquél que atraviesa el antes y el después que supuso el atentado contra las torres gemelas.                                                                                                                                                                                   Porque por mucho que la afirmación de Nicole de que “la historia del cine debe separarse de la historia del comercio o de la sociología, con las que demasiado a menudo se las confunde hoy en día”, si una cosa no ha cambiado es ésta. Y la instantánea que supone “Mutaciones del cine contemporáneo” refleja, a través del reinado de la imagen, la búsqueda de una identidad más allá de los presupuestos económicos en un mundo en que el dualismo local-global se acentúa enormemente.                                                                                                                                                           Los mutantes recurren al cine para entender las inquietudes político-sociológicas del momento: a partir de ellas podemos ver el complejo identitario que provoca la occidentalización en un mundo en que cada vez es más posible descubrir narrativas(culturas) diferentes (aunque, como bien afirman, es más fácil ir al entretenimiento asegurado que adentrarse a lo desconocido). Y quien dice occidentalización habla de americanización como “repartidor de justicia”. Así pues, las inquietudes cinéfilas de los “mutantes” nos llevan, como si se tratara de una película (o una ficción cualquiera) a dar un lúcido paseo por las inquietudes de la identidad tanto personal como colectiva en el cambiante mundo post 11S, en continua intención de definirse a partir del descubrimiento de internet.

De esta forma, la búsqueda de la cinefilia se convierte en la búsqueda del grupo reducido de personas que son capaces de evadirse de las doctrinas occidentales y, por lo tanto, capazces de ver “más allá”. Y es aquí donde encuentro el punto de debate que genera este libro: ¿se trata a la crítica audiovisual de una forma elitista? ¿Es, el ejercicio “mutante”, un intento de crear una escuela? Ambas correspondencias que abren y cierran el ensayo me provocan esta (personal y tal vez equivocada) sensación, enfatizada en la carta aduladora de Quintín con que se inicia la segunda -y última- ronda de cartas.                                                                                                                                                           La consciencia de iniciar un debate “contemporáneo” de imposible fin ya tacha la posibilidad de enmarcar al ensayo en una escuela, así como la enormidad que está suponiendo el concepto internet imposibilita cada vez más el concepto de elitismo, acercando los extremos definidos como intelectual-popular.

Sea como sea, este ejercicio propone interesantísimas -e incluso imprescindibles- teorías y análisis cinematográficas (pienso en “Mutaciones musicales. Antes de Hollywood, más allá de Hollywood y contra Hollywood” o “En japonés no existe el plural. Viaje de ida y vuelta de Masumura a Hawks” entre tantas otras), que avarcan, sin apenas anunciarlo, un gigantesco abanico de ideas, conceptos y teorías que, aunque van más allá del cine, siempre son filtradas por esa pasión sin fronteras que supone el lazo de unión tanto de críticos como de los lectores que se adentren en las “mutaciones”.

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