Flashbacks – Timothy Leary

Posted on septiembre 24, 2011

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1.Metamorfosis:

Parece ser que el autocrecimiento ha hecho de Timothy Leary(1) un personaje quijotesco en busca del Santo Grial. Así lo demuestra en su autobiográfica Flashbacks, una monumental obra que recorre de pies a cabeza los más recónditos recovecos de una época frenética: esos locos años 60 que Leary nos mostrará a partir de un gigantesco paseo que va desde la interesantísima contracultura de la época hasta el star system del clasicismo hollywoodiense, desde el academicismo de Harvard hasta la exopsicología, desde la psicodelia hasta el new age, de la liberación sexual al contraespionaje, repasando a personajes tan variopintos como Ken Kesey, Aldous Huxley, Richard Alpert, Clark Gable, Marilyn Monroe y Charles Manson entre otros.

Por eso esta obra recorre tan diversos tonos y estilos que van desde las intrigas carcelarias hasta la historia de amor, pasando por el ensayo psicológico y sociológico así como el tratado político o la utopía. Un conglomerado de estilos que, unidos bajo un común punto final (la alabanza tanto a un autor que se adora a sí mismo como a las drogas en uso responsable), logran un equilibrio perfecto.

2.Paidamorfosis (Juvenilización):

El amor propio de Leary se plasma en la primera persona del narrador, hilo conductor que juega con todas las cartas apuntadas más arriba, expresando sus experiencias personales relacionadas con los estudios sobre drogas alucinógenas que desarrolló desde sus 40 años.
En el ejercicio autobiográfico, Leary pasa a convertir su yo en alguien completamente novelesco, con un especial encanto en cuanto potencia sus rasgos más característicos para plasmar una caricatura de sí mismo que da la sensación de balancearse entre la realidad y la ficción. Leary se representa desde el amor propio, como una persona avanzada a su época e incomprendida: de esta mezcla entre orgullo y autoflagelación surge la gracia del personaje.
De ahí que al inicio de cada episodio exponga a modo de reseña las biografías de otras personalidades que el autor parece tratar como catálogo de “adelantados a su tiempo”. Comparándose con Dante, Sócrates o (ya contemporáneos) McLuhan o Castaneda, Leary muestra su autocomplaciencia así como intenta demostrar que el presente siempre es borroso (o ficticio). En este sentido el (continuará)… con el que el libro termina aparece como revelador.

Jugando a los límites entre realidad y ficción, él mismo se reconoce al inicio del texto como un personaje de Mark Twain, un Huckleberry Finn lisérgico en compañía del fiel Jim (Richard Alpert).
Y no puede estar más lejos de la realidad, en tanto que él mismo aparece como un eterno adolescente huérfano que vaga por los limites de la ilegalidad. Sin embargo, a diferencia del personaje de Twain, Leary no recorre en la novela tanto un espacio geográfico como uno temporal: su lugar es el decenio que plasma con idolatración como el punto de inflexión a partir del cual el mundo va a empezar a cambiar, por mucha resistencia gubernamental que se presente(2).

La esperanza que la primera parte despliega y que versa sobre los estados alterados a partir de las drogas, no consigue ser aplacada por la fuerza burocrática que parece haber ganado la partida. Esa esperanza que se desplegó frente al autor a partir de un iniciático viaje a través del mundo de las setas alucinógenas y que le llevo a la experimentación de la mente expandida no deja de ser acallada por nada, ni siquiera la cárcel (de la que acaba huyendo). La prohibición del consumo y el estudio realizado por Leary, acaba por convertir la droga en una preciada piedra filosofal que marcará un antes y un después.

3.Metamorfosis

Por todo esto el libro de Leary no es fácilmente clasificable: él mismo deja constancia de la imposibilidad de seguir un único camino en la vida, por lo que la épica de su obra se mueve entre géneros, filtrea incluso con la ciencia ficción (!) y embauca al lector a despertarse de la linealidad, llamando, si acaso, al rizoma.

Apuntar, por último, la curiosa correspondencia que establece Flashbacks con otra interesantísima novela también publicada por Alpha Decay, Stone Junction de Jim Dodge. También inclasificable, recrea el viaje iniciático de Daniel Pearse desde su nacimiento hasta la madurez, por la cual irá conociendo personajes dispares que le enseñarán desde las triquiñuelas del robo hasta los encantos de la naturaleza, las astucias del juego, etc. Bien podría metamorfosearse aquí Leary en ese inquietante Mott Stocker que inicia a Daniel en el mundo de las drogas. Una coherencia editorial que propone estimulantes paralelismos.

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(1) Personaje nacido en los 20 que durante la década de los sesenta se dedicó a la investigación con drogas en clave psicológica, tratando temas como la “mente expandida”.
(2) Véase las páginas finales de la edición en que aparece el estudio del autor sobre el cambio histórico frenado por las distintas generaciones -y sus choques- que conviven en este momento, acompañado por la fecha en que nos libraremos por fin dela carga de generaciones conservadoras.

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