La viuda embarazada – Martin Amis

Posted on marzo 24, 2011

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Hace ya tres años se publicaba la (desde hace poco penúltima) novela de Ian McEwan, Chesil Beach, sobre la revolución que en los años sesenta metamorfoseó las relaciones personales tal como desde tanto tiempo atrás estaban establecidas. En dicha novela, McEwan enfocaba la historia desde la perspectiva de una pareja que, año tras año, va sufriendo las consecuencias y trastornos de esos agitados cambios de la época de la liberación sexual.
De esta forma McEwan plasmó en esta historia de extensión limitada todo un cambio/choque generacional desde el terreno de lo personal a través de una historia íntima, cercana, emotiva y dura.

Con la última novela de Martin Amis, La viuda embarazada, el autor juega a las mismas cartas que McEwan pero, paradójicamente adopta una postura completamente opuesta a esa sencillez e intimismo antes descrito. Y es que haciéndose eco de esa misma reovlución (el tercer tipo de revolución consecutiva de las últimas entradas publicadas en este blog) y de dicho choque generacional del que proviene el título, Amis multiplica las capas y tramas a través de la presencia de mútliples personajes para recrear las personalidades atormentadas, convulsas y agitadas de los años 70 en esta historia con grandes paralelismos a ese Chesil Beach.

Contextualizada en Italia como trasunto de esa Europa vieja y algo más lenta en cuanto a novedades se refiere, La viuda embarazada nos presenta una historia de personajes, en concreto tres (Keith, su novia Lily y la atractiva Sheherezade) y sus propias actitudes frente esta revolución tan rápida y extendida (de hecho, en los pocos años que lleva iniciada en el tiempo de la novela ya ha sido asimilada, de una forma u otra, en las mentes de todos los protagonistas). Así pues, a lo largo de la novela veremos como las opiniones de cada uno de los personajes van entrechocando, contradiciéndose, revocándose y reafirmándose en torno a esta actitud/temática sexual para mostrar como, al fin y al cabo, ese inocente juego de palabrería malsonante (la novela está repleta de “tetas”, “culos”y “cacas”) fue la probeta de las sociedades de hoy en día.

Amis parte de una experiencia personal al presentar esta obra, pues nace y se inspira en la descontrolada vida de su hermana menor, traspasada a la ficción bajo la tremenda y difuminada figura de Violet Nearing (hermana también del protagonista) la cual, víctima directa de estos cambios, murió con 46 años afectada de alcoholismo entre otros trastornos.
Así pues, la visión de Amis no es del todo positiva al situar a sus personajes bajo la sombra de una inmadurez que poco a poco va alargándose para afectar en todas las relaciones sentimentales tal y como las conocíamos, siendo el resultado de todo ello el anclaje de la inseguridad, la promiscuidad extremada y los excesos como nueva moral.

Y al realizar tal ejercicio, Amis despliega su humor característico, enmascarado tras frases que confieren a la novela un aura tan moderna como pomposa y surrealista a partes iguales y que funciona a la perfección; así como funciona a la perfección la utilización de las novelas inglesas que pasa leyendo durante todo el verano el personaje principal como metáfora de esta inocencia perdida (inocencia que, a su vez, en dichas novelas de Austen, Bronte y cía no hacía más que formar parte de una convención social que tapaba unos deseos en ese momento inconfesables: véanse las hilarantes conversaciones entre Keith y sus compañeros sobre las violaciones a personajes femeninos de novelas inglesas victorianas: hilarantes pero dignas de extenso estudio).

En cambio, y otras de las características que separan esta obra del Chesil Beach de McEwan, la extensión de La viuda embarazada juega en contra del ritmo de la novela, puesto que la repetición de situaciones pueden causar un tedio que, si bien juegan a recrear el ambiente caluroso (producto del verano italiano) y consecuentemente lento y pesaroso, junto con un estilo cargado y premeditadamente rocambolesco, cae en el riesgo de provocar un apagón cerebral al lector.

Sin embargo, y de nuevo realzando uno de esos aciertos que me parecen destacables y salvan de esa lenta caída hacia la repetición a la novela, es el tardío pero acertado descubrimiento del feeling (utilizando el término que el cine usaría para una buena compenetración entre acotres) entre los personajes de Gloria Beautyman y Keith Nearing: ella resulta sorprendentemente ser un personaje mucho más que atractivo (las conversaciones con Keith acerca de su personalidad de chica-polla no hacen más que asegurarlo), con una entidad tan poderosa como turbulenta.

La supuesta ruptura que aparece en el último tercio de la novela como consecuencia de una aceleración del tiempo narrativo para que el lector asista a la etapa adulta de los personajes no parece estar hecha en un primer momento más que para satisfacer el ansia del lector en referencia al futuro de estos personajes. Un ansia que, por otro lado, este mismo lector no acaba de plantearse en ningún momento. Sin embargo, dicha técnica narrativa acaba por elaborar un ejercicio más que interesante al conseguir idealizar a la perfección todo el relato ya leído (como única etapa en la vida del protagonista capaz de ser relatada coronológicamente y en forma de novela), idealizando a su vez de esta forma esa liberación sexual que llega de forma tan determinante a nuestros días y que Amis acaba por poner en duda desde la hilaridad.

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