Comer animales – Jonathan Safran Foer

Posted on marzo 10, 2011

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Hace un tiempo mi madre, de la cual hasta ahora considero que he sacado gran parte de mi vena desprovista de sentimiento político, me comentó que nuestra generación parecíamos “imbéciles” (tal cual, e incluso con un punto de desprecio) porque solo hacíamos que “tragarnos todo” y no quejarnos por nada. Reacción 1: quedarme de piedra. Reacción 2: me hizo reflexionar…soy uno de esos que, se queja, sí, pero no hace nada. Consecuencia/casualidad 1: Poco tiempo después parece que nos encontramos en una etapa de la historia algo convulsa y con ápices de algo más reolucionario (véase la actualidad del mundo árabe) y de repente Consecuencia/casualidad 2: un nonagenario francés con toda la experiencia de la vida a sus espaldas nos impulsa a indignaros (¡Indignaos! de Stephane Hessel).
Consecuencia/casualidad 3: Y, más extraño todavía y motivo por el cual reflexionar sobre la actualidad del mundo literario, es observar como las últimas novedades de ensayo sociológico y económico aparecen firmadas por autores ya consagrados en el mundo de la narrativa.

Y si estos autores son John Lanchester o Jonathan Safran Foer, ambos creadores de mundos bastante personales y en expansión en cada obra que realizan, la ruptura me parece todavía más significativa. Si bien ya encuentro algunos paralelismos importantes entre ellos (como pueden ser el gusto por la inserción poco sutil de lo autobiográfico en sus tramas, la temática familiar, lo extranjero, etc.) ambos coinciden ahora al publicar cambiando su registro habitual para acercarse al estudio de los problemas sociales, económicos, éticos y culturales de las sociedades actuales y denunciarlos.
Si bien el primero pretende iluminar al público general exponiendo de forma clara y plana (e incluso con algo de humor) las causas y conseuencias de la crisis económica actual, Foer recurre a la ética animal y a la defensa del vegetarianismo como postura crítica a un mercado corrupto. Dos temas que aparentemente no tienen nada que ver, pero un estimulante ejercicio de estilo en cuanto a observar las manías narrativas que ambos conservan en el momento de enfrentarse al ensayo.

Jonathan Safran Foer, del que hace poco destacábamos sus cubiertas como buenos ejemplos de diseño editorial y que aquí podéis ver, es un autor que necesita de una cierta libertad formal y creativa a la hora de realizar sus tramas: si bien sus historias son cercanas y sus resultados se alejan de lo experimental y se quedan en un territorio plano pero efectista, no dejan de exponer micromundos habitados por muchos personajes, en que historias del pasado se entremezclan con historias presentes estructurando el libro de forma estudiadamente caótica. Es por eso que, cuando éste decide acercarse al más academicista y menos libertario género del ensayo, nos preguntamos hacia que terrenos lo llevará y de qué forma tratará su estudio.

Inicialmente, lo interesante de la propuesta de Foer es que lleva la temática de la ética animal a su propio territorio: el de contar historias. Así pues, utiliza el leitmotiv de las historias que se esconden detrás de cada una de las cosas que hacemos durante el día a día y que, sin excepciones, encontramos en nuestra comida. Excusa que, a su vez, nos lleva a revisitar la familia de Foer y en especial a su abuela (que, sin ser un experto en el autor, tengo la sensación de que aparece en todas sus obras) y poner todo ello en relación a las costumbres culinarias en su hogar para adentrarnos poco a poco en la defensa de una moral que, como seres racionales, podemos tomar para evitar el maltrato animal y evitar lo insostenible de las prácticas realizadas en las granjas-factoría.

Si empezamos la lectura con la expectativa de encontrarnos con la visión particular del autor que se nos promete en la introducción, pronto descubrimos que cualquier intento de tratar el tema familiar o lo que se esconde en el lenguaje de la comida, no se trata más que de una técnica (¿editorial?) para que Foer no se desbanque en demasía de su producción anterior (¿o propia del autor?) para sentirse seguro en el terreno de la argumentación. En cualquiera de los casos, esta incorporación no es suficientemente fuerte como para ser justificada.
Eso sí, nos encontramos ante un ensayo muy correcto, que expone a la perfección las diferentes fases por las que la producción carnívora se desarrolla así como los maltratos que los animales reciben normalmente en ésta. Pero no centrándose exclusivamente en ello, se nos muestra también las dudas personales que surgen a cualquier persona que decide seguir una dieta vegetariana, dando las claves básicas que Foer siguió para normalizar esta excepción que resulta ser el comer vegetariano y que, según el mismo autor, debería no ser tan excepcional. De la misma forma que expone sus dilemas personales, Foer da voz a una buena cantidad de personajes públicos introducidos en la temática y que dan nuevos enfoques y perspectivas a ésta.

En fin, Safran Foer ya ha puesto su grano de arena: ahora solo falta ver si sus quejas suscitan alguna revolución, por pequeña que sea.

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