A merced de la tempestad – Robertson Davies

Posted on febrero 18, 2011

0


Volvamos a las palabras y comentarios publicados unos meses atrás con motivo de la reseña y publicación de un libro de Boris Vian y recordemos que una parte esencial de la Santísima Trinidad literaria de esta humilde voz digital (o blog o videoteca) es la de Robertson Davies. Y apuntemos que este entrañable y sabio autor ocupa la figura central de dicha trinidad. Así pues, cualquier cosa dicha en contra de su persona u obra en este espacio sería caer en el más feo de los sacrilegios y la más terrible de las perjurias.

Y no es que las erratas no tengamos una valoración objetiva: el punto está en que Robertson Davies no comete ningún error y lo vuelve a demostrar con esta encantadora A merced de la tempestad.

En un lúcido extracto de esta obra de Davies reside la ecuación -vulgar hasta la vergüenza pero exacta como pocas- de la literatura del genial autor. El extracto en cuestión es puesto en boca del músico Humphrey Cobbler criticando al matemático Hector Mackilwraith: “Usted quiere que la mente sea una máquina perfecta, preparada para trabajar eficientemente, si bien con estrechez de miras, y sin piezas sobrantes o inútiles. Yo prefiero que sea un cubo de basura lleno de retales brillantes, gemas raras, curiosidades sin valor, pero fascinantes, oropel, fragmentos curiosos de anhelo y una buena cantidad de porquería sana. Si la máquina se tambalea, se estropea; pero en el caso del cubo de basura, el contenido se adapta maravillosamente a la posición nueva.

Como el cubo de basura (sudor en la frente del que aquí escribe), la narrativa de Davies se adapta a los tiempos y, más difícil todavía, encuentra en ellos nuevas lecturas. A merced de la tempestad es tan radiantemente actual que el lector de hoy en día le es incluso difícil reproducirla en su mente a través del imaginario de los cincuenta (década en la que fue escrita). Pues, al fin y al cabo, como sucede con el Shakespeare que los personajes de la novela interpretarán, trata esos temas inmortales y comunes a toda cultura y ser humano, ya sean el amor, la vergüenza, la envidia, etc. Eso sí, contextualizando estas tramas en personajes que, como es costumbre en el autor, son perfilados a la perfección con sus pros y sus contras, sus historias “arraigadas en el hueso” que hacen que sean como son, con sus manías y actitudes que hacen que el lector los entienda tanto que acabe por saber cómo actuarán frente a según qué situación, etc.

Divertido, ingenioso y enorme, Davies es capaz de desenvolverse en tan diversos temas como situaciones siempre partiendo de esta psicología tan trabajada y, ante todo, encontrando escudo a todas las afirmaciones en el momento en que nunca las realiza de forma absoluta, sino que las deja colgando de un hilo para, acto seguido, mostrarte la otra cara de la moneda. Así, si Héctor es el matemático racional que opta en la vida por la planificación, Humphrey es el artista desenvuelto que se deja llevar; si Pearl Vambrace es la chica “feucha” pero soñadora del amor por venir, El Torso (sí, El Torso) es la chica despampanante que hace tiempo convirtió los sueños de Pearl en realidad y larga experiencia; si Nellie es la directora del grupo de teatro amateur pueblerina y preocupada por el qué dirán, Valentine es la mujer desenvuelta y directora de la obra que suelta las verdades como puños.

Un ying yang de personalidades y actitudes que respiran sabiduría por los cuatro costados, pero una sabiduría que, como las dualidades establecidas en los personajes de sus obras, se encuentra entre el intelectualismo más elevado y la sabiduría popular más terrenal. Así, el equilibrio es el juego de estilo que Davies domina a la perfección y desarrolla para entretener de forma elevada y gratificante al lector de sus novelas.

Por suerte, iniciamos otro periodo Daviesiano que durará lo que la acertada Libros del Asteroide haga alargar la publicación de las dos novelas restantes así como nuestros nervios y satisfacción. Esa trilogía que tiene al pueblo de Salterton como el protagonista que ya se ha ganado nuestra confianza.

Anuncios