Aguas Gélidas

Posted on noviembre 5, 2010

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No introduciré este libro con una historia de erratas. Esta vez ha ido todo más allá, así que, por primera vez, dedicaré la siguiente entrada por completo a la historia de las erratas. Ahora pasaré directamente a analizar el libro que nos toca. Bueno, debería matizar el concepto analizar. Digamos que ha sido imposible finalizar la lectura, así que ¿cómo hacer una crítica de un libro inacabado?

Digamos que el hecho de no acabar el libro dice suficiente. Sin embargo, si quiero que conste aquí como una reseña más, debo justificar por completo las causas de detener mi lectura.
Empezaré comentando que no suelo dejar los libros. Cuando empiezo uno, lo acabo. Es verdad que, en mi caso, hay veces que las etapas lectoras van y vienen y, por lo tanto, en ocasiones me veo obligado a dejar un libro, no porque sea malo, sino porque no es el momento de leerlo.
Considero que actualmente me encuentro en una etapa lectora sin escrúpulos. Siento que puedo leer cualquier cosa y opinar de ella (de ahí el blog). Así pues, el hecho de dejar un libro, lejos de un trauma, es que es malo.
Sabe mal tener que decir de un libro que no vale. Pero hay razones y razones. Hasta el momento no he realizado ninguna reseña crítica que analizara ninguno de los libros leídos como malo. Ni siquiera el de Stephen King.
Y, ya que ha salido el tema, debemos decir que Stephen King tiene parte de culpa en la elección de este libro. Ya en su momento expresé mis inquietudes acerca de este autor. Mi problema con él es el de sentirme completamente atraído por sus obras, pero al acercarme a ellas me doy cuenta de lo ridículo que es. Sin embargo, y ahí el problema, sigo pasando fases en las que me acerco de nuevo.

“Aguas gélidas”, el libro que aquí nos ocupa, está reseñado como “el balneario de Aguas Gélidas es lo que Overlook era para “El Resplandor””. Y ahí caí. Overlook, pensé alargando la “o” inicial como autosugestionándome. Así pues, de nuevo caí en mi propia trampa, en mi problema stephenkingniano. Y es que, en definitiva, el Overlook de King no es el Overlook de Kubrick.
Pero ahí estaba esa reseña que me decía: “coge este libro…es como Stephen King…malo pero entretenido…miedo…Overlook es lo más de King…este libro no puede estar tan mal”.

Y de ahí pasé a dejarlo. Así pues, Stephen King es una droga absoluta para mí: sé que me hace daño pero sigo queriendo más. Es mi talón de Aquiles. De hecho, rebaja el nivel (llámame elitista) y el target de las obras que aquí analizo. Stephen King. Es tan malo (de demonio) como sus personajes…Stephen King.

“Aguas Gélidas” nos explica la historia de un hombre de treinta y tantos que se dedica a montar películas para bodas y funerales, sobre todo funerales (elemento creepy) para ganarse la vida, consecuencia de una carrera truncada en el mundo del cine. Pero además, nuestro personaje tiene un don: siente cosas. Cosas que le atraen. Por eso, cuando realiza un vídeo para el funeral con el que se incia la historia, le llama la atención la fotografía de una cabaña, objeto procedente de las posesiones del muerto. Y, por la llamada, decide destacarla en el vídeo, dejándola unos segundos más.
Así pues, en la proyección del vídeo en el funeral, al salir esta fotografía nadie se inmuta excepto la hermana de la muerta que, una vez acabada la proyección va a hablar con el protagonista. Le pregunta por qué ha puesto la fotografía ahí y le dice que nadie sabía que esa cabaña era donde su hermana tuvo un escarceo amoroso que decidió abandonar. Sacrificó su felicidad con el amante por su vida familiar.
Así pues, visto el don del montador, la hermana de la muerta decide contratarle para hacer un vídeo sobre la vid de su suegro, señor a punto de morir que huyó de su pueblo natal después de ganar una fortuna en él.

Así se inicia una historia simple como ninguna y que cae, continuamente y sin ser consciente de sus errores, en los típicos tópicos de las narraciones de terror.
El tren fantasma (¡tren fantasma!…¿alguien a leído sobre trenes fantasmas tras pasar el umbral de los trece años?) que aparece como amenaza de la nada conducido por un demonio (:-O), cámaras que graban más de lo que el ojo puede ver (cuanto daño ha hecho la postmodernidad) y personajes inquietantes que predicen tormentas importantes (cuanto daño ha hecho Stephen King…y qué gracia me hace).

El único elemento que me llamó la atención como para no detenerme hasta llegar a la mitad del libro, fue el de la presencia de una botella de agua que nunca pierde su frescura y que parece tener “poderes” curativos (o alucinógenos). Sin embargo, ni ésto mismo impide el total tedio y la carcajada por leer frases antinaturales y, vaya, antiestéticas.
El ritmo es estúpido: intenta cazarte continuamente de las maneras más rastreras sin ningún resultado, pues las técnicas son…demasiado conocidas. Y en cuanto a los personajes, ninguno de ellos parecen tener rasgos de personalidad. Todos tienen el mismo tono. Tal vez despunta un poco el malo de la historia (será porque los malos son más fáciles) con toques de egoísmo y avaricia.

En definitiva, no iré más allá, pues no tiene sentido criticar algo inacabado. Sabe realmente mal describir en terminos tan negativos un libro, pero es que no tiene ni pies ni cabeza. Y ahí reside el quit del dilema:

Si es que Stephen King no estará tan mal.

Así pues, no hay mal que por bien no venga. Surge una propuesta (tal como dice la entrada siguiente: ¡Errata de Videoteca está de cambios!): leer aquellos libros que atraigan nuestra atención y hagan referencia o estén reseñados por Stephen King. Y, por supuesto, leer al propio Stephen King.
Objetivos de la propuesta: Descubrir la fórmula secreta de King, el porqué de tan vergonzosa adicción, no ya tan sólo a través de sus libros, sino de la comparación de todos aquellos que intentan de una forma u otra seguir la estela de este mastodóntico e incontrolado escritor.

Cogemos aire, nos agarramos a lo dicho y nos atrevemos a realizar tan peligrosa tarea. Volvemos a coger aire y sí, nos atrevemos a hacerlo.

Ya digo, que al final descubriremos que Stephen King no está tan mal (espero encontrar justificación alguna o, por lo contrario, anular este argumento tras la experiencia).

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