El alcohólico (Jonathan Ames)

Posted on octubre 8, 2010

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De nuevo soy yo el que se adentra en la videoteca para ofrecer un libro a las erratas. De nuevo se trata de un cómic/novela gráfica. Me miran extrañadas. No parecen aceptar el intercambio de propuestas. Voy observando un cierto toque de egocentrismo por parte de ellas. Cuando les acerco el cómic miran hacia atrás, hacias las enormes estanterías repletas de las novedades que a mediados del mes pasado trajeron. Lo capto en seguida. La escena aguanta unos instantes así: yo con el libro extendido hacia ellas y un tanto de cuclillas; ellas mirando atrás y a mi cara repetidas veces.
Me estoy empezando a acostumbrar a este tipo de situaciones.
Todo vuelve a la normalidad cuando zarandeo un poco el libro delante de ellas. Me preguntan ¿qué es?

Se trata de “El alcohólico”, escrito por Jonatham Ames e ilustrado por Dean Haspiel. Caí en él a través de cierto artículo publicado en el “20 minutos” sobre una nueva oleada de escritores judíos norteamericanos (entre ellos se encuentran Jonathan Safran Foer, Shalom Auslander, Nicole Krauss o Sloane Crosley). En éste aparecía Jonatham Ames, señor que ya conocía por otras razones, pero que no comentaré ahora porque sería adelantarme.

De escritores alcohólicos hay un montón. Todos ellos se ganaron la fama de los bohemios del siglo XX: almas perdidas y descarriadas, afectadas por el mal de los JASP (jóvenes pero sobradamente preparados), de la sociedad del bienestar y de la imposición del terror pero ante todo, buscadores de la plena libertad y creatividad.

Bukowski es uno de los grandes de estos antihéroes. Malviviendo de cualquier forma, mujeriego empedernido y todo aquello que cualquier suegra nunca quisiera tener, se convirtió pronto en símbolo de una generación perdida. Debo decir, y aunque con ello me gane muchos detractores, que no me encuentro entre esa cantidad ingente de “fanses” que le vanaglorian. Aunque acepto su originalidad y entiendo qué ha hecho que valga tanto la pena leerlo.
No me sucede lo mismo con Hunter S. Thompson, que consigue convertir dichos males en novelas psicotrópicas de ambiente completamente enfermizo. Con descripciones altamente paranoicas consigue introducirte en un mundo distorsionado y en cierta forma aterrador. Esa gran obra que es “Miedo y asco en las vegas” y su no menos valorada adaptación cinematográfica llevada a cabo por el particular Terry Gilliam es la obra cumbre y el más claro ejemplo de su trayectoria literaria.
Y dentro de este viaje paranoico y de autodegeneración americana citemos a Jack Kerouac. Se le puede etiquetar ya de revolucionario, instigador de la contracultura americana e iniciador del movimiento hippy. Si bien no podemos hablar del mismo grado de degeneración que los dos autores anteriormente citados, ya apunta las reglas del juego: el descontento como forma de vida, la anulación de la sociedad moderna, la insatisfacción generada por ella, las ansias por la libertad “real”…

De estos tres autores podemos sacar una cosa en común: la introducción en la ficción de un alto grado autobiográfico. Los tres hablan en sus historias de sus inquietudes, de sus sentimientos y de sus propias experiencias. Y como buenos alcohólicos, ante todo Bukowski, de su propia adicción. En algunos casos la odian, en otros la intentan justificar y la mayoría de las veces, se depuran intentando simplemente explicar su realidad sin ejercer ningún tipo de moral. Este detalle tal vez sea de los más significativos y que hace auténticos a los escritores alcohólicos: la nula necesidad de trabajar la moral. Seguramente será por ello que siempre han suscitado la crítica y el escándalo en sectores sociales que todavía intentan guardar las apariencias.

¿Qué comparte Jonathan Ames con los autores alcohólicos?

En primer lugar, dichos autores (excepto Bukowski -tal vez sería demasiado explícito-) salen citados en el cómic. Se convierten en los abanderados del protagonista principal. Éste, llamado Jonathan A., comparte juventud con esta etapa literaria del descontento generacional. Estudiante ejemplar y director del periódico de su instituto, su influencia por Hunter S. Thompson es tal que decide empezar todas sus editoriales con la frase “Miedo y asco en…”.
Así pues, y sin culpar en ningún momento dicha influencia, este Jonathan A. cae en la misma espiral de insatisfacción en la que cayeron los autores que tanto adora. Empieza a los 15 años, con su amigo Sal, con el que los fines de semana deciden tomar unas cervezas. Pronto descubre una cierta facilidad a vomitar cuando está borracho, que pronto lo asume como alergia al alcohol, cosa que no frena sus impulsos autodestructivos.
Iniciando el relato en un in medias res realmente chocante (Jonathan A. se encuentra en un coche con una abuela que le ruega que le haga sentir mujer), el protagonista nos llevará del pasado al presente relatándonos su historia y, a la vez, intentando reconstruir lo hechos de esa misma noche.

Si bien no se trata de una obra equiparable a cualquiera de los que el autor hace referencia, encuentra grandes aciertos en su juego metaliterario y en el realismo por el que aboga en el relato.
Y es que el autor juega a ser uno de esos escritores malditos, introduciéndonos en una historia que, como en todos ellos, se encuentra entre la realidad y la ficción.

Y es que si esta obra nos ha llamado la atención, es por lo que está empezando a ser Jonathan Ames. Creemos que es uno de esos nombres que tenemos que empezar a recordar, pues darán de que hablar. Guionista y director de la serie “Bored to death” (extrañamante olvidada por el sector televisivo español y por poco no renovada por la cadena HBO para una segunda temporada que finalemente está emisión en la actualidad) y en la que el protagonista principal se llama…Jonathan Ames, el autor se inscribe dentro de la nueva ola de guionistas que forman otros personales y originales creadores como Noah Baumbach (Margot en la boda, Una historia de Brooklyn, Greenberg) y Wes Anderson (Los Tennembaum, Life acuatic, Fantástico sr.Fox). Comparte con ellos los guiones rápidos, cómicos y a la vez punzantes que hablan sobre las relaciones familiares y de amistad en la contemporaneidad. Muy personales, inteligentes e interdisciplinares, estos autores han aportado en los relativamente pocos años de carrera que llevan una nueva frescura y creatividad altamente alavada por críticos y público.

Así pues, Jonathan Ames se presenta ahora para unirse a ellos. Más conocido por el público estadounidense por su faceta literaria, Ames ha llegado aquí por la serie antes mencionada. Y es que solo con estos dos referentes (“Bored to death” y “El alcohólico”) ya podemos ver las características personales que le mueven en los terrenos de la ficción. Como Wes Anderson, Ames tiene unos temas recurrentes que hacen de su obra un micro del macro que él es. Así, vemos reflejado en sus personajes algunos de los rasgos que le caracterizan. No se puede ver más claro que en el empleo de su nombre propio para todos sus personajes.

Algunos de estos temas recurrentes son la bebida, la confusión entre amistad-amor homosexual, las referencias a la novela negra o los amores imposibles. En “El Alcohólico” se dan cita todas ellas. En concreto, la relación que se establece entre Jonathan A. y Sal es uno de los puntos fuertes de la obra, que se presenta como una de las historias que forman el libro de forma sincera y tierna. El reflejo del alcoholismo (que finalmente el propio Ames ha tenido que desmentir que se base en su propia experiencia) resulta algo frío y poco claro al inicio pero se vuelve duro y real en cuanto avanza la historia, ante todo por las propias reflexiones del personaje sobre su propio caso.

Nos gusta mucho, ante todo, los reflejos de la realidad que apunta el libro. Las páginas dedicadas al momento en que Jonathan A. despierta con una enorme resaca y descubre el incidente del 11-S son apabullantes, ayudadas por un dibujo más que acertado. También destilan esa fragilidad y sinceridad que recorren toda la obra. O la cena con Monica Lewinsky, hilarante y comprometida, que se gana al lector al instante.

En definitiva, quedémonos con el nombre de Jonathan Ames. Esta obra es una forma de introducirse en él. Pero como sucede con obras tan personales, cualquier cosa que haga no hará más que ampliar sus propios terrenos y, por lo tanto, generar una, por el momento tríptica (cine-literatura-cómic) red temática personal, singular y más que interesante.

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