Vercoquin y el plancton (Boris Vian)

Posted on octubre 4, 2010

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Las erratas se sorprendieron al ver que el primer libro de Boris Vian no había sido publicado anteriormente en español. Cuando trajeron esta novedad, venían impacientes sacudiendo el libro en sus manos alzadas mientras me decían que si no había leído este ejemplar. Son muy seguidoras de todo lo que Vian hace, como se puede observar por su reacción y les tuve que decir que, a pesar de que le idolatro, todavía me faltan algunos libros más del autor por leer.
No dijeron nada. Silencio. De repente: “Anoche soñé que volvía a Marienbad”. Silencio. Y finalmente, la voz de la errata razonable “Pero es el primero…debes leerlo ya”.

Antes de indicar la trama de la novela y analizar algunas de las cosas más destacadas, anunciamos que esta reseña no está pensada para detractores de Vian. – Todo lo que hace es grande- piensan las erratas. Y así mismo pienso yo. Como fetiche nuestro que es, todo lo que sigue será alagador (pero siempre con fundamento), puesto que leer a Vian supone una experiencia de por sí, la introducción a un imaginario personal…es dejarse llevar por el laberinto lingüístico y el ambiente desenfadado que consigue recrear a partir de un estilo único y jugando a la baza del surrealismo más literal y desternillante. Así pues, coger “Vercoquin y el plancton” significa reencontrar a un Vian en estado puro, lleno de malícia y ternura a partes iguales como es habitual. Significa retumbar a ritmo de jazz y pasear por un París desfigurado repleto de seres extravagantes y perdidos.

“Vercoquin y el plancton” es una novela estructurada en tres partes bien diferenciadas. La primera de ellas relata los diversos ambientes y situaciones que se dan en una determinada surprise-party, fiesta que el Mayor -protagonista de la novela y personaje recurrente en la obra de Vian- organiza habitualmente. Dichas fiestas se caracterizan por su salvajismo, por ser completamente liberales, desenfrenadas y regidas por unas pautas muy concretas establecidas en una especie de manual mental algo desquiciado.
En dicha fiesta el protagonista, acompañado por Antioche, conocerá a Zizanie, una joven aparentemente recatada que desatará las pasiones de los presentes y ante todo de Vercoquin, que se convertirá en rival absoluto del Mayor el cual, ayudado por las reglas de las surpirse-partys, tramará un perfecto plan para deshacerse de él. Así será como Zizanie caerá en la tentación que el Mayor le ofrece, acabando con la idea de una próxima celebración de boda.
Es por ello que éste pedirá a Antioche ayuda: pedir la mano al tío de Zizanie, actual tutor de la chica, la cual cosa dará paso al segundo acto, con el cual convertirá la trama en una alocada (y meitadamente tediosa) aventura situada en los pasillos de un consorcio donde los trabajadores se aburren y son pagados por ello. Así consiguen alargar y convertir en imposible (su trabajo, en realidad) los asuntos legales con los que tiene que lidiar.
Tras trabajar en el consorcio una larga temporada embaucados por Miqueut, por fin consiguen pedir la mano -tras un excelente razonamiento (comercial) por parte de éste- y celebrar la boda y el consecuente festín/surprise party, que constituirá la tercera parte.
Esta fiesta será amargada a causa de los presentes que no corresponden a la generación de los recién casados y que serán sacrificados en pos de una digna celebración.

La primera parte de la novela rebosa genialidad por parte del autor introduciéndonos en el mundo/retrato de las surprise-partys. Ocupa más de un cuarto de la extensión total de la novela (hasta la página 71) y casi se podría extraer para convertir de por sí en un relato redondo.
En esta parte, Vian utiliza un estilo frenético, transportando al lector de una habitación a otra para representarnos el sinsentido (no tan alejado de algunas realidades) del ambiente alcanzado por una fiesta desenfrenada. La velocidad de la narración es continua, ayudada por juegos de palabras también presentes en las demás obras de Vian, convirtiendo métaforas en realidades para así expresar a través del humor irónico, cínico y algo negro la fragilidad de la realidad, de la condición humana y de las relaciones personales -o no, tal vez por reírse y poner en evidencia absolutamente de todo-.
Así es como se nos presentan a unos personajes sin tabúes, dejados llevar por el fluir de la irracionalidad. Estos personajes carecen de moral y se mueven por instintos básicos. Representan una generación, la del propio Vian, caracterizada por la imposibilidad de contentarse con lo que hay, que se rebela por lo que quieren y es por ello que destruyen los antiguos patrones que veremos mejor representados en la fiesta con la que culmina el libro.

Convirtiendo en todavía más laberíntico y extraño el pasaje entero, Vian decide rehacer la numeración de los capítulos jugando con la estructura entera del texto. Es así como, encontrándonos supuestamente en el capítulo cuarto, pasaremos de nuevo al tercero tras las disculpas del autor, que confiesa que ha sido completamente innecesario y falto de interés y debe reajustar el contador. Deteniendo la acción con dichos ajustes numéricos y inmiscuyéndonos todavía más en los recovecos más hilarantes de su mente, Vian acaba por hacernos sentir un participante más de su propia locura lúcida.

Y tras esta continua agitación, Vian cambia el registro sin perder el ritmo al entrar en la segunda parte. En ella nos introduce en los edificios del Consorcio Nacional de la Unificación, descritos como eternos pasillos repletos de puertas. Dicho consorcio no es más que un trasunto del AFNOR (Assosciation Française de Normalisation), parodiado hasta la saciedad y donde el mismo autor trabajó. Dicha asociación trabaja en el establecimiento de unos criterios unificados en las leyes de seguridad industrial, sea nacional o internacional.
En “Vercoquin y el plancton” la asociación se convierte en un espacio inmenso repleto de gente aparentemente ocupada que trabajan envueltos de papeles (porque hacen parecer interesantes a los trabajadores) y enredados en frecuentes reuniones eternas en las que se discuten temas de lo más variopintos.
Uno de los grandes rasgos de esta parte la encontramos en los diálogos que Vian construye y pone en boca de Miqueut. Estos mismos resumen las intenciones de Vian para esta parte de la obra: la burla total hacia un sistema por completo incompetente.
Y es que la forma de hablar de Miqueut ocupa los parágrafos más largos de la novela, que rompen con el ritmo acelerado y que son creados a partir de un vocabulario pomposo que tan solo provoca que el personaje caiga en su propia trampa, para acabar sin haber dicho nada.
Y, en concreto, aplicando a este personaje la manía de repetir ¿verdad, usted? En estos eternos diálogos, Vian no hace más que corroborar la falta de aptitudes y la necesidad de mostrar una perfecta imagen en entidades que se supone deberían trabajar con exactitud y rapidez.

En la tercera parte, la boda de Zizanie y el Mayor y la celebración, se destaca por el sacrificio de las personas mayores que están boicoteando la fiesta. Los cuerpos de los sacrificados van directos a la papelera y los participantes que han sobrevivido se mudan a una casa para iniciar definitivamente la surprise-party que se merecen. Aquí se muestra la presencia de una juventud perdida pero a la vez luchadora por sus ideales, paradoja absoluta en el momento en que los ideales parecen ser los bailes destructivos y la construcción de habitaciones llamadas “folladeros”, pero que, a su vez, no deja de tener una cierta contemporaneidad.

Y, en definitiva, lo más positivo de la obra de Vian es su total vigencia en la actualidad. ¿No hace el tiempo al clásico? En Vian, vemos como la crítica a la ineptitud de los estamentos legales está completamente presente en la sociedad de nuestros días. Leyes que se crean de un día para el otro sin sentido, leyes necesarias que son atrasadas, ayudas a la emancipación que se retrasan o nunca llegan, papeleo universitario con problemas continuos, etc.
La juventud sigue siendo esa masa insaciable y descontenta, desordenada y revolucionada. Y en cuanto a las fiestas…las fiestas nunca dejan de ser vigentes. Por tiempo que pase, las fiestas locas, son eso.
La exageración hace todo lo demás.

Releer o redescubrir a Vian no hace más que reiterar la actitud de las erratas y un presente de tener en sitio preferente en nuestras estanterías su obra. Aconsejamos a los que nunca se han introducido en su mundo que lo hagan (aunque creemos que la mejor iniciación tendría como base “La espuma de los días”, absolutamente perfecta) y agradecemos a Impedimenta un ejercicio tan necesario como este rescate.

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