Zeitoun (Dave Eggers)

Posted on septiembre 27, 2010

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UNO-Sobre el clasicismo

Clint Eastwood presentó hace ya un par de años la película “El intercambio”, protagonizada por Angelina Jolie y que giraba en torno a un hecho real en el que la extraña desaparición de un niño destapaba una red de mentiras que únicamente beneficiaban al estamento policial y al público general de la prensa amarilla ávida de happy endings.
La película recibió numerosos halagos y se hablaba del perfecto clasicismo que presenta Eastwood y que lo convierte en uno de los pocos heredereos de dicha etapa del celuloide.

El clasicismo en el cine trataba de contar historias sin rodeos, presentando los hechos tal y como son a través de una estructura que siguiera la fórmula introducción-nudo-desenlace, presentando a sus personajes poniendo en sus labios frases siempre útiles que les describieran a la perfección y encajando absolutamente todos los detalles abiertos a lo largo de la trama. Actualmente se recuerda como la época dorada de Hollywood, la etapa de las grandes estrellas y del inicio de la fama mediática.

Muchas de las películas de Spielberg continuan esa estela, presentando historias construidas al más puro estilo del cine del star system (véase “Parque Jurásico” o “El color púrpura”), siguiendo el estilo y la estructura de uno de los grandes del clasicismo cinematográfico, Alfred Hitchcock (veáse “Minority Report”) y con ecos a las grandes épicas tan al gusto de aquellos maravillosos años (véase “La lista de Schindler”, “Salvar al soldado Ryan” o “El imperio del sol”).

DOS-Sobre Dave Eggers

Eggers es un personaje completamente polifacético: escritor de varias novelas, recién estrenado en el mundo del guión (con la película “Away we go” de Sam Mendes) además de editor y creador de la (estilísticamente cuidadísima) revista literaria McSweeney’s.
Y con este sello, Eggers ha demostrado su absoluto compromiso por las dos causas que ha apadrinado: el descubrimiento de nuevas voces para la literatura norteamericana y la promoción de los derechos humanos.
De hecho, “Zeitoun” se inscribe dentro del proyecto de la revista McSweeney’s nombrado Voices of witnesses(las voces de los testigos), a través de la cual da la palabra a diferentes personalidades que han vivido situaciones en que los derechos humanos han brillado por su ausencia. Si en el 2007 le tocó a Valentino Achak Deng en su novela “¿Qué es el que?”, ahora le toca a Abdulrahman Zeitoun.

Así pues, el que parecía ser relevo de la narrativa americana gamberra habiendo seguido la estela de otras grandes voces de este tipo de literatura como lo son las de Palanhiuk o Foster Wallace con el libro “Ahora sabréis lo que es correr”, actualmente ha redirigido su carrera hacia el más estable territorio en el que se le ha etiquetado como el chico bueno de la literatura.

TRES- Introducción-Nudo-Desenlace

Así pues, en “Zeitoun” Eggers nos situará en una Nueva Orleans a dos días del fatídico huracán Katrina. Eggers se servirá de dicho espacio de tiempo anterior a la tormenta para introducirnos en los personajes, para desarrollar sus vidas y situarnos en su mundo.
Así se nos presenta a Abdulrahman Zeitoun, árabe y musulman afincado en esta Nueva Orleans pre Katrina. Ciudadano y vecino ejemplar, fundador de una conocida empresa que se encarga de los arreglos en carpintería y pintura de muchas de las casas de la ciudad y poseedor de varios edificios. También padre de familia numerosa (cuatro hijos nacidos en Estados Unidos) y esposo ejemplar de una americana -Kathy- que largo tiempo atrás (antes de conocerle) decidió pasarse al Islam por reconocer en él una religión mucho menos autocastigadora y más apaciguante.

El nudo se inicia con el episodio referente a la tormenta, una vez que Kathy huye con sus hijos de la ciudad mientras que Zeitoun decide quedarse para vigilar las casas de su propiedad. En esta parte, descubriremos pasajes de una belleza casi apocalíptica en las que Zeitoun recorre las calles ahora inundadas con una balsa de segunda mano (a través de la cual Eggers clama por la naturaleza/simplicidad frente a la tecnología/ambición -el silencio de la barca le permite escuchar los gritos de ayuda a diferencia de las balsas mecánicas que ahogan los ruidos de los malparados-). De hecho es en esta parte de la novela en que más ecos clásicos, esta vez narrativos (porque también los tiene), encontramos, como lo son los de Dickens o Twain, con el personaje central navegando a través de innumerables episodios/escenas.
Los días se suceden con una calma que Kathy no puede ver, pues es completamente aturdida por los miles de noticiarios que avisan de las espantosas escenas que se suceden continuamente en la ciudad destrozada: saqueos, violaciones, violencia…Por suerte, en una de las casas arrendadas, Zeitoun puede llamar por teléfono a su mujer, mantenerla informada de sus actividades y desmentir algunas de las informaciones televisivas.

Y, he aquí el golpe de efecto (¡atención al spoiler!), cuando la desaparición de Zeitoun provoca la desesperanza de Kathy en una parte del libro en que Eggers, magistralmente, enfoca la cámara hacia la desamparada esposa dejando fuera de encuadre al protagonista para introducirnos en el terror vivido por Kathy. Finalmente resulta que a Zeitoun le han hecho prisionero, acusado de saqueo y de terrorista, momento en que el nudo incrementa su tensión para desembocar en el desenlace.

CUATRO-Sobre el clasicismo cinematográfico de “Zeitoun”

En Dave Eggers podríamos observar la tendencia al clasicismo cinematográfico que se pudo observar en Eastwood, pero situado en el mundo de la narrativa. Y es que el chico bueno de las letras norteamericanas nos presenta una perfecta historia clásica siguiendo los parámetros característicos de ella para desarrollar su trama.
Así pues, desde un narrador en tercera persona, Eggers nos acompaña por cada una de los pasajes siguiendo al personaje en sus continuas desventuras. Sin apenas flujos de pensamiento, desde una objetividad calculada y algo distante, nos muestra cada uno de sus movimientos y nos descubre con un ritmo perfectamente mesurado la historia anterior de los personajes a través de objetos y recuerdos.

Y es que Eggers se comporta de la manera más correcta al presentarnos una historia tan comprometida en tan diversos temas. Pues, a través de la sencillez de su prosa y de la elección de un estilo tan efectista, se ponen en entredicho los estamentos judiciales americanos, las fuerzas armadas, la Guerra contra el Terror, la fobia al Islam que se da en su país, el mandato de Bush, el terrorismo, la efectividad en los asuntos inmediatos al destrozo del Katrina, la poca profesionalidad de los medios de comunicación y su absoluto sensacionalismo…
Y el gran acierto de Eggers es mantenerse en la individualidad obviando la colectividad, pues acercándonos a un único caso, dando la voz al “buenazo” de Zeitoun puede denunciar tal sinfín de temáticas tan presentes en la historia americana del reciente siglo XXI sin tener que mencionar siquiera una de ellas de forma directa.
Eggers se muestra sutil y efectivo, correcto y sentimental (a punto de caer en la lagrimita fácil en algún momento) pero, en definitiva, documentado, nada excesivo y dominando con maestría el tempo literario al más puro estilo clásico. Basada en hechos reales (otra de las etiquetas de el mundo del séptimo arte), la experiencia de Zeitoun encuentra en Eggers la traducción estilística perfectamente calculada, estructurada de forma simple y completamente efectiva/positiva.

Ni las erratas ni uno mismo nos sorprendemos al descubrir que será llevada al cine en el 2011 ni que el director vaya a ser Jonathan Demme.

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