Staten Island (Arthur Nersesian)

Posted on septiembre 22, 2010

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Las erratas vienen a buscarme, completamente atacadas. Me agarran de los dobladillos y me estiran hacia la videoteca. Me muestran las torres de libros que han traído, pues las novedades de septiembre son abundantes. Me siento como un niño en “la vuelta al cole”, me embriaga una sensación mezcla de placer y bochorno ante la inmensidad de títulos. Sin embargo, me centro, freno sus emociones histéricas y les digo que, siendo responsable, debería leer el título que me ofrecieron ayer antes de pasar con todas las novedades.
Se miran entre ellas. Miran la torre de libros. La errata loca suelta: “Sí que estuviste en Marienbad”. La errata serena me acerca su apuesta anterior con cara antipática.
La cojo entre mis manos. Me la vende relacionándola con títulos de Flann O’Brien y J.G. Ballard (mis ojos como platos, por supuesto). Su título: “Staten Island”. Su autor: Arthur Nersesian. Me dispongo a leer.

“Staten Island” nos transporta a un viaje completamente alucinado por la política (imaginada) de los 80 americanos. La acción transcurre en un Nueva York reconstruido en el desierto de Nevada. Estas reconstrucciones habían sido utilizadas como bases de combate para adiestrar al ejército americano y, en concreto, para las pruebas nucleares con misiles. En esta especie de parque temático oscuro han refugiado a los habitantes del Nueva York original tras que éste haya sufrido un ataque terrorista y quedado completamente inhabitable.
A este Nueva York-Ciudad Refugio será enviado Uli con una misión especial. El problema es que éste sufre una amnesia total, no recordando ni de dónde vienen las órdenes ni de absolutamente nada de su vida anterior. Tan sólo recuerda su objetivo: matar a un tal Dropt.

Así empieza una historia completamente psicotrópica que recorre los diferentes estratos de la sociedad americana desde una absoluta exageración. Pues el viaje de Uli no es más que la introducción a la sociología y política americanas desde su visión más esquizofrénica. Nersesian se sirve de dicha exageración para realizar un basto ejercicio de visualización global, exponiendo a todos sus personajes a un paisaje urbano completamente cerrado. Las diferentes descripciones de la “ciudad de cartón” de las que se sirve el autor ayudan a recrear este mundo apocalíptico y claustrofóbico, apoyando a la acción y convierte los extremos en algo completamente real.

La primera parte de la novela es la que recoge más descripciones y ambienta y sitúa al lector en el estilo que se irá desarrollando a lo largo de la historia. Es aquí donde encontraremos más influencias de otros grandes del género de la ciencia ficción, pero ante todo de J.G.Ballard. Y es que tanto el desarrollo inicial del personaje masculino y, en concreto, su relación con el femenino (Mallory) algo excéntricas, junto con los detalles que provocan que la realidad se desfigure recuerdan a esa primera etapa del autor de “Crash”, en concreto los cuatro libros que tratan la temática apocalíptica. Tal vez “La sequía” sea el que más se acerque a este “Staten Island”, con el continuo viaje y las descripciones de clanes.
Por otro lado, nos encontramos con las referencias políticas que nos acercan al clásico de Orwell “1984”. Pues la temática política será otro de los grandes fuertes de la novela, donde los Puteros y los Cagaos (trasuntos de los republicanos y los demócratas reales), los dos partidos políticos que forman las casi únicas opciones de elección en “democracia” de la Ciudad Refugio, luchan por el poder a sangre fría. El personaje se encontrará en medio de continuos encontronazos entre ambos partidos que le llevarán a enfrentarse a toda la sociedad a la que se ha unido para, finalmente, descubrir que su único objetivo es el de escapar de una realidad que le supera.

Siendo Uli el personaje principal de la novela, éste se nos presenta como el nexo de unión de las diferentes historias que se suceden. Pero nada más. Y este tal vez sea el defecto de la novela: que una vez pasada la introducción el lector se plantea la necesidad de su protagonismo, ante todo, en el momento en que el lector empieza a entrever que en realidad el papel de dicho protagonista durante el viaje no sea de vital importa.
El hecho de que sufra de amnesia disculpa su falta de personalidad, sin embargo, tampoco adquiere durante la historia ningún tipo de comportamiento determinado. Es completamente llano, únicamente moviéndose por Mallory (y no en exceso) y la (vaga) idea de escapar de la Ciudad-Refugio.
Es interesante descubrir, en referencia al trato que se le da al personaje principal, algunos puntos de unión con la novela “El tutú”, pues tanto en la obra de Pricesa Safo como en la de Nersesian, los autores se sirven de este personaje central para recorrer los recovecos más intrinsecos y oscuros de una ciudad (como macro de una determinada mente humana), sea el París de principios de siglo, sea el pseudo Nueva York de los 80. Pero ante todo, en ambas obras nos encontramos con protagonistas que sufren algún tipo de amnesia. Así pues, como sucedía con el Mauri de Princesa Safo, Uli vive sin pasado ni futuro, decidiendo su recorrido dejándose llevar por su destino o por donde la gente y las situaciones vividas le lleven.
Pero mientras que el protagonista de “El tutú” se mueve por unos determinados (y muy cuestionables) principios, que lo convierten en un completo y perfecto antihéroe, en esta “Staten Island” nos encontramos con una personalidad mucho más vaga y simple, casi dudando de las propias intenciones que le sirven de motor.
El porqué del fallo se encuentra en la intención global de la novela, ya que si en “El tutú” el objetivo es describir la degeneración de una sociedad cada vez más amoral -implícita en su personaje-, en “Staten Island” este objetivo es mucho más ambicioso (el nombrado estudio social y político). Y, aun así, el resultado final es envidiable: una original y lúcida descripción de los errores de la política y de los peores recovecos de las relaciones sociales.

Pero este resultado se consigue como consecuencia de haber perdido la fuerza que parece recaer en el papel de Uli. En consecuencia, podremos observar la exaltación de los personajes secundarios, pues finalmente el peso completo de la obra recaerá en ellos. Es a partir de todos éstos (y son un gran número) que Nersesian podrá realizar su estudio. Podrá analizar las diferentes actitudes de la condición humana bajo situaciones extremas. Podrá, mediante estos, reflexionar acerca del terrorismo, primer motor de la acción (el terrorismo que destruye el Nueva York original, pero que la Ciudad Refugio adquiere para sabotear las elecciones políticas que se realizan semanalmente). Para reflexionar acerca de la posibilidad de libertad y de democracia. Acerca de la cultura (a través del absurdo encontronazo de Uli con Andy Warhol y la chocante escena del vómito sobre Allen Ginsberg). Y también acerca de la religión (personalmente el pasaje más interesante y también surrealista de la novela es el que hace referencia a la Liga Verde, seguidores del estilo de vida de los indios, que viven en el Staten Island que da nombre a la novela y que tienen como guía espiritual a un inquietante personaje llamado en ocasiones Wovoka y en otras Jackie Wilson).
A través de los ojos de estos personajes secundarios encontraremos la esencia del libro, haciendo que su trama se divida en diferentes episodios enmarcados por el grupo al que Uli se va uniendo.

En definitiva, “Staten Island” no deja de ser una “Alicia en el país de las maravillas”: Uli resulta ser la misma Alicia que se pasea como observadora total de las situaciones que se van sucediendo a lo largo de su recorrido.
Lo que le pasa a Uli es que tanto la política como la sociedad le han hecho perder la inocencia desde la que Alicia observa, han corrompido su condición. Pues Uli inicia su historia desde la edad adulta, desde la muerte de la juventud a causa de su imposibilidad de recordarla. Y, como consecuencia, su viaje se transformará en una pesadilla mucho más lúcida, extrema y desquiciante que la propia realidad. Y por eso mismo, Uli emprende el camino de Alicia del revés (y atención al spoiler): Finalizando con la vuelta a casa a través de un agujero que recuerda el que inicia el viaje de la joven. Una vuelta al recuerdo que lanza la pregunta de qué habrá al otro lado del espejo.

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