Wilson (Daniel Clowes)

Posted on septiembre 17, 2010

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Esta vez he sido yo el que ha entrado en la videoteca para ir a buscar a las erratas y dejarles un libro. Mi propuesta ha sido “Wilson” de Daniel Clowes, ante todo para introducirlas al terreno absolutamente novedoso para ellas de la novela gráfica. De hecho, y para no parecer un erudito en la temática, yo mismo soy un recién introducido en el mundo del cómic. Aunque, y eso sí lo sé, a la hora de utilizar el término novela gráfica -y todavía más si hablamos de este autor- debería ir con pasos de plomo.

Y es que el concepto derivado de la etiqueta novela gráfica ha producido ciertas disputas en el mundo del cómic, debates que os invito a visitar en este interesante blog y por lo que no me extenderé en exceso aquí. Pero para apuntar cuatro cosas que sirvan de guía a la siguiente reseña, debería decir que dicho término implica una compleja situación que se viene extendiendo desde hace unos años.
Punto número 1: ¿Qué caracteriza a la novela gráfica?
El término “novela gráfica” engloba a todos aquellos cómics que tienen una tendencia hacia lo literario o que comparten con la literatura (general) algunos puntos en común.
Por lo tanto, se trata de un género narrativo ilustrado. Aquí quedan excluídos todos aquellos cómics sobre superhéroes, mangas…
Punto número 2: ¿Por qué el debate?
Para muchos de los introducidos en el mundo del cómic, el término “novela gráfica” lleva implícita una degradación de la esencia del cómic. Se apoyan en ello alegando que dicho término se trata de algo impuesto por las grandes editoriales para introducir a nuevos lectores, rebajando el nivel de “freakismo” (disculpen el vocabulario) para, introduciendo la palabra “novela” en la etiqueta, igualarlo a un público general.
Por lo tanto, dichos seguidores denuncian la degradación que supone la introducción del concepto “novela” a un género suficientemente fuerte de por sí.
Punto número 3: ¿Qué papel juega Daniel Clowes en este debate?
Daniel Clowes ha sido desde siempre un autor reticente a dicho término. Para éste, la introducción del mundo del cómic al público general a través del término “novela gráfica”, le hace temer la pérdida de una calidad hasta ahora asegurada, procedente y alimentada por la cultura underground y otras subculturas…Teme, por lo tanto, la estandarización del cómic, en contrapunto al riesgo y la ruptura que hasta el momento ha significado.
Tanto es así que, en su última obra (“Ice Heaven”) se inventó el término comic-strip novel con tal de no utilizar el mareado graphic novel (un apunte: en la versión española de este “Ice Heaven”, no se respetó la versión original de comic-strip novel, cambiada por novela gráfica, obviando los trasuntos ideológicos del autor a causas comerciales).
Punto número 4: ¿A qué viene todo esto?
Daniel Clowes parece haberse bajado del burro con Wilson declarando en el hueco dedicado a su biografía que Wilson es “su primera novela gráfica”.

Partiendo de la aceptación del autor de etiquetar de esta forma su obra, ¿qué nos presenta Wilson?
Pues ante todo un personaje. Un personaje desagradable, egocéntrico y egótico, autodestructivo, sociópata y desquiciado. Tal vez uno de los personajes más incómodos del autor.
Sin embargo, a través de los episodios de la vida por los que el lector acaba discurriendo, se establece un ligazón con este antipático Wilson que, desde un punto de vista personal, se asemeja con el que uno siente con Michael Scott, de la serie (en su versión estadounidense) “The Office” -en su caso, demostrando que tras la fachada de mismas características de Wilson, se esconde un ser abrumado/deprimido (magnífica escena la del cierre de un episodio de la segunda temporada, donde vemos a Scott con la cara entre las manos llorando, desde un plano de fuera de su casa haciendo la escena completamente fría y rompiendo con el tono y ritmo de la serie)- .
Pero hay algo que diferencia a Michael Scott de Wilson y es la absoluta falta de bondad del segundo en contrapunto con el primero. Wilson no parece tener remordimientos. La gente se equivoca, pero no él. Él es social, pero la gente habla demasiado.
Es así como Wilson acaba por parecerse más al (estilizado) Jimmy Corrigan: ambos personajes solitarios, desencantados del lugar que les ha tocado vivir, seres errantes encerrados en una burbuja de egoísmo y frialdad.

Así nos presenta Clowes a Wilson, en un primer episodio que ya apunta todos los sentimientos y actitudes que encontraremos en las siguientes páginas y a través de las cuales se irán rescatando los temas recurrentes del autor. Y es que, estructurado en forma de episodios restringidos por una extensión continua de una única página, Clowes juega a mostrarnos a través de elipsis que juegan con un espacio de tiempo indeterminado, escenas importantes y muy concretas de su vida.
Por lo tanto, podemos ver como poco a poco y gracias al dominio del autor en cuanto a guión y ritmo, la historia juega a introducirnos lentamente en la intimidad de Wilson. Así pues emplea en un principio escenas mucho más abiertas y genéricas que sirven de introducción del personaje para poco a poco cerrarlas y centrarnos en su historia.
Un lector que se introduzca en el cómic sin previo conocimiento, puede llegar a pensar que es una recolección de viñetas del autor publicadas en alguna revista/periódico, para llegar a descubrir lentamente el hilo argumental que sigue la historia.

Y a esta sensación contribuye el estilo elegido por el autor para desarrollar a su personaje, pues cada episodio se nutre de un tipo de dibujo completamente diferente, que va de la cariatura al realismo más conocido del autor. Del tintado al coloreado recorriendo diferentes tonalidades y formas.
La elección de jugar con el estilo es tal vez uno de los puntos que más inquietan a la hora de juzgar el cómic, pues si por un lado sirven como ejercicio de estilo para Clowes, por otro nos preguntamos si la historia realmente lo necesita.
Creemos, por lo tanto, que dicho ejercicio se inclina más por la posición del autor en referencia al debate que antes anunciábamos sobre la etiqueta novela gráfica. Pues si bien es la primera vez que remite a su obra como tal, también es una de las obras más esquivas al concepto de novela.
La absoluta intención de romper con la narración continuada acompañada por las diferencias estilísticas de cada episodio provoca al lector una sensación de discontinuidad que distancia la obra de la narración convencional. Entonces, ¿se ríe definitivamente Clowes del mundillo comiquero? Dejaremos que sus siguientes obras nos hablen de ello.

Y es que en definitiva, sólo hace falta recurrir a obras anteriores del autor como “Ghost World” (también estructurada en episodios pero más extensos y por ello más alejados de la anécdota que este “Wilson”) o “Ice Heaven” para descubrir que resultan ser más novelas gráficas que esta nueva obra.

“Wilson” es divertida. Desenfadada. Comparte, como el resto de obras del autor, ese aire de risa congelada, de divertimento que oculta una realidad penosa, por otro lado tan presente en el cine de Todd Solodnz. De hecho surgen teorías interesantes comparando las obras de los dos autores: en el retrato de la adolescencia comparando “Ghost World” a “Bienvenidos a la casa de muñecas”; en el retrato de la decadencia americana a través de “Ice Heaven” y “Hapiness” o, la más interesante en cuanto a la obra que reseñamos, el trato y desarrollo de un sólo personaje con “Wilson” y “Palíndromos” (con la que también comparte los cambios de estilo).

En definitiva, una obra de Clowes. Tal vez no la mejor, pero se agradece, de nuevo, la sensación agridulce que desprenden sus viñetas. Se agradece volver a visitar el imaginario tan personal y reconocible del autor.

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