Suites imperiales (Bret Easton Ellis)

Posted on agosto 23, 2010

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“Menos que cero” es la primera novela de Breat Eston Ellis. Con ella se ganó la confianza de la crítica estadounidense, que en ese ya lejano 1985, destacaba dicha obra y alababa a un autor del que comentaban que era “un heredero de Fitzgerald, de James y de las grandes letras anglosajonas”. Esa promesa literaria pronto pasó a ser el “chico malo” del star system del mundo de las letras, levantando polémica (y ampollas) a su paso, creando enemigos, frustraciones y, a la vez, ganando aficionados y adictos.

A mediados de los 2000 (15 años más tarde), Ellis publica “Lunar Park”, libro en el que se plasma a él mismo como protagonista para recrear su vida literaria, sus miedos, sus fobias, teniendo como máximo villano de sí mismo al magnífico Patrick Bateman (sádico, obsesivo y egocentrista protagonista de “American Psycho”, su obra más famosa). Con esta novela, Ellis declaraba la intención de cerrar un círculo, de dar por terminada una primera etapa literaria. Y qué mejor manera de hacerlo que rescatando personajes que le han perseguido hasta la saciedad: las críticas hacia el mismo Bateman fueron estruendosas, las feministas lanzaron el grito al cielo y los psiquiatras se frotaban las manos luchando por conseguir hacer terapia a tan descentrado autor.

En el tiempo transcurrido durante esta etapa, Bret Easton Ellis ha plasmado en sus novelas la saciedad de la clase media alta americana, el egocentrismo extremo de la sociedad de consumo y bienestar, la ruptura o imposibilidad del humano como ser social en el contexto de la explosión de las comunicaciones, de la banalidad del amor, del absurdo de vivir. Ellis ha sacado lo peor de sus personajes, siendo esta la única forma que han encontrado de expresar algún tipo sentimiento. Ha sacado a relucir la simplicidad y, a la vez, la maldad que reside en el mundo del “famoseo”. Ha plasmado las relaciones familiares a través de la representación de los padres como personas completamente despreocupadas de los valores de los hijos, simplemente compartiendo con estos el gusto por las drogas, completamente opcecadas con el aspecto físico (otro tipo de banalidad). Resaltar aquí la magistral conversación entre madres (la del protagonista de la novela y la de su primo) en “Las leyes de la atracción”, sobre los tipos de pastillas que cada una de ellas se toma, mientras las comparten y las tragan a sorbitos de combinados.

Es así que, cuando Ellis anunció el retomar el hilo de “Menos que cero” para volver a empezar dicha nueva etapa, las perspectivas sobre el qué iba a hacer ahora crearon una gran inquietud al seguidor (entre los que me encuentro yo). Tras el ejercicio anterior con “Lunar Park” (del que ningún entusiasmo me provocó, a la vez que ninguna decepción), el autor proponía un nuevo juego de metaliteratura, de introducción al imaginario propio, renovando los personajes que nunca volvieron a salir en sus posteriores novelas ( a diferencia de los demás personajes, que pasaban de ser protagonistas a ser secundarios o salir en una conversación cualquiera: p.ej. Bateman de “American Psycho” es el tío de Sean en “Lay leyes de la atracción” así como Lauren, del mismo título, es una secundaria muy protagonista en “Glamourama” y una constante en casi todos sus libros).

¿Qué tiene de malo entonces este “Imperial Bedrooms”?

Tras leer las 10 primeras páginas, las perspectivas se elevan, encontrando el regocijo de todo seguidor del escritor. Se nos presenta al adolescente Clay, ahora convertido en un treintañero metido en el mundo del cine y explicando que todo aquello dicho en “Menos que cero” era pura verdad, solo que expresado a través de los ojos de un escritor que le tenía odio. Que esa primera persona no era más que una estafa y que esta vez el narrador será el propio Clay, sin dar la palabra a nadie más.
Expresa a su vez los sentimientos de haber sido llevado al cine (2 años después de la publicación de la novela, surgiría la adaptación cinematográfica, protagonizada por un desconocido Robert Downey Jr. y dirigida por Mariek Kanievska), introduciéndonos en los despropósitos de dicha industria.
Sin embargo, pasadas estas reflexiones e introducidos ya en la trama, el globo se desinfla rápidamente para dejarnos ver que en realidad, esa promesa de la nueva etapa no era más que simple habladuría. Y no importaría si la novela tuviese un nivel adecuado. Pero no es así. La etapa que va de “Menos que cero” a “Lunar Park” ha visto muchas cosas pasar. Desde internet hasta el auge de las revistas del corazón, y todo ello ha hecho que el interés que el lector podía sentir por Ellis se derrumbe por completo.
Y es que a quién le interesa ahora las caras ocultas de cualquier personaje público teniendo todo tipo de noticias en todo momento sobre Lindsay Lohan y sus borracheras, sobre Paris Hilton y su falta de bragas, sobre los hijos ilegítimos de Eddie Murphy con la ex-spice, sobre la ambigüedad sexual de Lady Gaga o sobre las bodas privadas de Penélope Cruz y Javier Bardem.
Así pues, perdida la mala conciencia por ser reprimida, el personaje prototípico de Ellis pierde la fuerza que tenía. Esa misma mala conciencia, a día de hoy, sale en todas partes y, cuanto más salga, mejor: más fama. Resulta ser el trabajo definitivo de dicho personaje público para mantenerse en el top 10 de las figuras destacadas (y, por ello, adineradas).

Y a quién le inquietan ya las escenas escatológicas y sádicas, tras habernos acostumbrado a lo explícito en que se ha convertido el cine de terror. “¿”Snuff movies”? En su momento no sabíamos que eran, pero ahora, el juego de la realidad-ficción ha desbancado las imágenes que tanto impresionaban ( y que a la vez seducían -¿”Tesis”?-) al joven Clay de “Menos que cero”.

Y es que el retorno de Clay no se da más que en una escala menor. Volvemos a él como un personaje absolutamente plano, de “malo buenote” de pacotilla, acompañado de un Rip “amarillo”, también malo de manual, inquietante pero por su falta de personalidad y el nulo interés que despierta y a un Julian recién recuperado, salido de una rehabilitación y que tan solo deslumbra en el momento en que reflexiona al ver la película basada en “Menos que cero” diciendo: “Me han matado”.
Así mismo, la introducción de un personaje femenino nuevo, casi adolescente, que aparecerá como la creadora de la discordia entre un grupo ya destruido, deja indiferente por el poco interés que motiva sus movimientos -un papel en una película con guión de Clay- y que despierta los celos (con poco fundamento), de una Blair poco creible, nada evolucionada.

La supuesta espiral de atrocidades que caracteriza la estructura de las novelas de Ellis, se convierte aquí en un vagar por los recuerdos de una mente anteriormente en auge pero desmoronada. La estructura sigue en pie, pero desaparece el ambiente desenfadado, el humor negro, la rápidez de la acción, la personalidad. La revisión de personajes antiguos pasa a ser en este libro una mala costumbre que, lejos de seguir tejiendo un mundo propio, lo vicia y desvirtúa.

En definitiva, un mal paso en la obra literaria de Easton Ellis, una recaída al mundo que parecía querer olvidar con Lunar Park. La renovación prometida por el autor debería haber sido la opción. Sin embargo, leemos entre líneas un absoluto estancamiento en la fórmula que le dió el éxito. Esperaremos mientras a que sus próximos trabajos audiovisuales (consultar aquí), ofrezcan ese aire perdido pero tan disfrutable del Ellis que tanto nos gustó.

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