Susanna (Gertrud Kolmar)

Posted on julio 7, 2010

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Susanna de Gertrud Kolmar Las erratas me han recibido hoy con los ojos llorosos. Entre sus manos, un ejemplar cerrado de reciente adquisición. He mirado a mis amigas con cara de sorpresa, por lo que la errata tranquila me ha acercado el libro con sus diminutas manos. Se trataba de “Susanna”, de una tal Gertrud Kolmar.
No me dan más alternativa que leerlo enseguida. Lo recojo tras firmar el papeleo exigente de las erratas y me dirijo a mi salón, donde me tumbo con un café y me dispongo a leer.
Dos horas y poco más tarde cierro el libro, con la sonrisa en la boca. Una sonrisa que no acompaña a la sensación producida por el libro. Más bien, dicha sonrisa hace referencia a ese instante de placer que algunos libros te hacen sentir. Esa sonrisa podría ser la vaga expresión que algunos cuantos refinados (que no yo) traducen como: “el placer de la lectura”.

Y es que esta novela corta llega de las manos de la tocaya “Errata Naturae” con algún tiempo de retraso. Y es por eso que algunas sensaciones que se despiertan tardíamente producen un segundo efecto. Tal vez sea el de la esperanza en el mundo del libro que han traído algunas de estas editoriales “independientes” de nueva (y no tan nueva) creación, alejadas de cánones y en continua búsqueda de títulos olvidados al más puro estilo arquéologo de las letras.

Así pues, este tesoro escondido hasta el momento ha sido reencontrado. Y es que su historia interior es tan fascinante como su historia propia. Gertrud Kolmar fue una judía residente en el Berlín liderado por el nazismo. En lugar de huir (a diferencia del personaje principal en la novela), decide quedarse en su ciudad natal y cuidar de su padre, por lo que será recluida en un apartamento para judíos, en el cual pasaría las noches escribiendo dicha novela, poco antes de morir en Auschwitz.

Así, Kolmar es una testigo de la degradación humana en su faceta más cruenta. Es testigo de una de las tragedias de la humanidad que más nos siguen impactando/horrorizando. Sea como sea, el relato que tenemos entre manos va más allá de cualquier lectura básica sobre el tema. No es una novela donde se haga explícito el exterminio o las aberraciones acontecidas. La voz de Kolmar es poética y por eso aspira a ir más allá. Y es que es en las características de la poesía donde debemos encajar esta pequeña joya, pues encuentra en la metáfora (y las metáforas expícitas dentro del mismo libro y pronunciadas por el fantástico personaje de Susanna) y el lirismo la mejor forma de expresar un sentimiento. Es encontrar la máxima expresión de las letras para poder contar, olvidando y recordando a la vez lo sucedido.

La historia de “Susanna” se centra en dos personajes esenciales, construidos con una simplicidad y maestría ejemplares. La primera, la narradora, una institutriz judía que intenta escapar de la Alemania nazi (única referencia al entorno de la misma autora y del episodio histórico). Ésta recuerda una historia que acaba de terminar (mucho después de lo que el lector puede imaginar) y que se inició cuando acepta el trabajo de cuidar de una adolescente, Susanna, con imaginación desbordada y -según personajes secundarios cercanos a ésta- desarrelada de la realidad. Poco a poco la inquietante institutriz irá conociendo a la adolescente y descubriendo cuáles son los verdaderos problemas de ésta.

A partir de estos parametros, Kolmar despliega un alarde de creatividad al tejer la figura de las dos mujeres a partir de detalles y diálogos cargados de una extraña (tal vez por perversa) belleza. Así, vemos a la institutriz como una mujer desprovista de rasgos: tiene una nula experiencia sentimental como deja entrever a lo largo de la historia, es una narradora misteriosa que se limita a explicar un recuerdo, ofreciendo los datos con ojo clínico y, por lo tanto, dando al lector la sensación de que se mantiene fría ante todas las experiencias vividas. El reencuentro con la historia pasada no parece más que activarle una parte del cerebro. No despierta en ella emoción alguna.
Por su lado, Susanna es uno de esos personajes que quedan marcados en la memoria. De ella sabemos poco: su madre murió cuando ella era pequeña y su padre recientemente, por lo que ha sido criada entre cuidadoras avisadas de lo “especial” que era la niña. Sabemos también que ese ambiguo “especial” hace referencia a que ella parece estar siempre en campo abierto bajo el cielo azul. Las nubes que pesan sobre nosotros son ingrávidas para ella; los muros que nos asfixian y nos retienen no existen para ella. Sin embargo, cuando la conocemos, nos damos cuenta de que esa niña simplemente tiene el don de la imaginación, de la palabra, y, seguramente, carece de la intimidad y del cariño. Cada frase de la niña, cada introducción a su mente a la que invita a su institutriz -y por ende al lector- es una lección de poesía. Así, nos lleva a un mundo donde los perros piensan más de lo que creemos (el perro es tal vez el único elemento que acaba por introducir definitivamente a la instituriz en el mundo de los sentimientos de la niña), donde un hombre del mar con algas en el pecho nos puede visitar en cualquier momento o donde los bosques no pueden ser perturbados pues lo árboles pueden enfurecerse.

Desde este trocito de blogosfera, uno quiere pensar que estas dos mujeres son las dos partes contrapuestas de Kolmar en el momento de escribir “Susanna”:

1.Kolmar como Susanna: la niña debería representar a la Kolmar poeta, la creativa, la judía y, por lo tanto, la que la sociedad que la rodea debe tomar por “enemiga”, loca, enferma… Es alguien que se siente completamente disasociado de la realidad, pero no tanto por ella misma, sino por el entorno en el que le ha tocado vivir.
2.Kolmar como la institutriz: es la mujer que se mantiene fría y distante a lo que sucede a su alrededor. La que es ajena a asuntos del corazón. La mujer que prefiere quedarse con su padre aunque ello le depare la muerte (la que hace oídos sordos a todos los que le comentan que en sus situación debería huir). La mujer que decide mantenerse ajena a lo que sucede escribiendo por las noches en el apartamento de condiciones pésimas en la que se le ha recluido junto con un montón de personas más.

La Kolmar racional y la Kolmar emocional que intentan convivir para hacer que ella misma pueda estar por encima de su situación. Dos identidades de una misma personalidad alejadas de su entorno y enmarcadas en un paisaje mágico, una aldea de alemania rodeada de bosque y completamente nevada.

Cuando uno piensa en Levi piensa en la historia, en la visión periodística, en la recolección de hechos para divagar sobre las razones y las consecuencias de dicho episodio. Cuando uno piensa en Kolmar piensa en la visión individual, en la angustia enmascarada bajo la belleza de la literatura.
En definitiva, el placer de la lectura…sin palabras, me dispongo a colgar la reseña y volver a empezar a leerlo.

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